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El suicidio de destruir el campo de golf

lunes 09 de diciembre de 2019, 04:00h
Destruir lo que es público, el campo de golf en este caso, no solo es algo legalmente perseguible, es, además, una especie de suicidio deportivo y económico injustificable. Solo podemos esperar que el Gobierno rectifique y ayude a poner en marcha las medidas correctoras, adecuadas y posibles para que el deporte del golf crezca en Melilla
Melilla, para su tamaño, población e historia, es una ciudad en la que el deporte es muy importante y en el que Melilla ha destacado muy por encima de lo que por su dimensión podría esperarse.
Los Ayuntamientos de Melilla, antes, y los gobiernos de la Ciudad Autónoma, hasta ahora, han apoyado y mantenido en buena parte el alto nivel deportivo que Melilla ha tenido y tiene, y han posibilitado que muchos melillenses, de toda edad y condición, puedan practicar, o ver como espectadores, el deporte que prefieran.
El deporte, además, es salud. Practicar deporte, al nivel que sea, lo recomiendan todos los médicos y todos los políticos saben que la sanidad cuesta mucho dinero, así que cuanta más gente sana haya, menos se gasta en cuidados médicos. Y si hay un deporte que se pueda practicar a cualquier edad y que beneficia la salud de los que lo practican ese deporte es el golf.
Lo complicado para una ciudad del tamaño de Melilla es conseguir que se construya un campo de golf. Muchas, casi todas las ciudades lo pretenden, aunque no todas de las que lo pretenden lo consiguen. Melilla, con la ayuda de los fondos económicos de la Comunidad Europea lo consiguió, superando muchas dificultades e incomprensiones. Y, con no menos dificultades e incomprensiones, se ha conseguido que sobreviva durante años ese logro de un campo de golf que todos ansían, que todos los países y las ciudades que lo poseen aprovechan como atractivo económico y turístico de primer orden, atractivo del que Melilla potencialmente ya disfruta.
O disfrutaba porque, como nos dijo el ya cesado viceconsejero de Deportes, miembro de CPM, su partido ha tomado la decisión política de hacer desaparecer el campo de golf. ¿Por qué? Él no sabía ni lo que costaba mantenerlo, ni lo que se ingresa por lo que pagan los jugadores por jugar, ni el número de niños que han aprendido y siguen aprendiendo a practicar ese deporte, ni el número de jubilados cuya única distracción y posibilidad deportiva es jugar al golf. Él solo sabía lo que su partido político le había ordenado. Tampoco sabía qué se pensaba hacer cuando los millones de euros públicos que costó el campo se hubieran tirado a la basura.
Destruir lo que es público, el campo de golf en este caso, no solo es algo legalmente perseguible, es, además, una especie de suicidio deportivo y económico injustificable. Solo podemos esperar que el Gobierno rectifique y que, a diferencia de lo que hizo el Gobierno anterior, ayude a poner en marcha las medidas correctoras, adecuadas y posibles para que el deporte del golf crezca en Melilla, como lo ha hecho en tantos lugares de España (y de Marruecos también) bajo todo tipo de colores políticos, especialmente, como es el caso, si el deporte de Melilla depende de un partido que se tilda de ser el único partido “local”.