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Feliz década
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Feliz década

Por Melilla ConBici

lunes 30 de diciembre de 2019, 04:00h
Cada vez que utilizamos los medios de comunicación, ya sea prensa escrita local o nacional, medios audiovisuales de cualquier tipo, radio o redes sociales, un mensaje que se repite sin aparente esfuerzo, cada vez tiene más protagonismo.
Queramos o no, en este año que ya acaba, todo lo que no hayamos sido capaces de lograr en cumplimiento de los objetivos propuestos, y estamos hablando obviamente de crisis climática, hará que esa década decisiva que ya aparece en el horizonte nos exija más si cabe, si no lo hemos logrado ya, cambios profundos en conciencia, formación, educación o esfuerzo incluso llegado el caso, algunos sacrificios, en nuestra forma de vida.
Podemos en ese esfuerzo inútil de complacencia autoimpuesta, negar la evidencia más aterradora jamás presentada a ninguna generación y es que “el tiempo pasa deprisa y no espera a nadie”, esta frase que parece sacada de un libro de autoayuda expresa con franqueza el momento crucial en la vida de todos los que formamos este planeta, seamos inconscientes, conscientes o no sabe, no contesta o de cualquier otra especie.
Cada vez son más las entidades que nos trasladan un panorama nada prometedor, ya sea la OMS (afirmando que el 92% de la población mundial respira aire contaminado en niveles peligrosos para la salud y que la contaminación se sitúa como la cuarta causa de mortalidad a nivel mundial con 7 millones de fallecidos al año) o la revista de la Abogacía del Estado (hablando del derecho de los ciudadanos a respirar aire no contaminado y vinculando a la mala calidad del aire 101 enfermedades como dolencias cardiovasculares y neurológicas, trastornos neuropsicológicos, o determinados tipos de cáncer como el de pulmón, vejiga, riñón o colorrectal) o el IPCC (proponiendo sólo 10 años para evitar una primera fecha crítica en la lucha contra la crisis climática) o tal o cual grupo medioambiental sobre los efectos en la salud humana y en la naturaleza que nos rodea. Ejemplos como el de José María, que se marchó de Madrid por la alta contaminación y expresó una idea revolucionaria: “nuestros pulmones (salud) deben anteponerse a los intereses de la industria petrolera (y automovilística)”, serán posturas cada vez serán más comunes.
Alimentación, Transporte, Energía, Moda, Consumismo y otras tantas actividades empresariales en su concepción y desarrollo actual, se han convertido en enormes precursores de la Crisis Climática. Nadie habla de erradicar la nuestra forma de vida, de acabar con todo, lo que sí se plantea es una profunda revisión en nuestra escala de valores. Términos como resiliencia cada vez toman más protagonismo y desde luego, es desalentador que este término relativamente nuevo se esté convirtiendo en uso común, con lo que ello implica. “La resiliencia es la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a las situaciones adversa”, este mensaje, debería como mínimo hacernos recapacitar sobre que estamos haciendo rematadamente mal, para que, como si de un virus se tratase tener que vacunarnos para así poder resistir su infección.
Según proponen los máximos responsables europeos en estos términos, por cada euro invertido en hacer resistentes a las infraestructuras en la crisis climática, reportará un “beneficio” de seis euros, es decir un 600%, no es difícil entender la magnitud de los cambios que están por venir, a tenor de los datos que se exponen. Imaginen, si pueden, un panorama climático en el que las infraestructuras estén amenazadas, es decir, carretas, puertos, ríos, presas, línea de costa incluso las tan sensibles playas de las que tanto dependemos en nuestra economía turística y ahora hagan la siguiente reflexión; si las infraestructuras están en peligro, ¿qué le espera al ser humano?, ¿cómo nos afectará como individuos, como familias, como sociedad? y ahora en un acto de “generosidad” piensen en los más vulnerables.
Parece ser que la contaminación del aire es soportable, pocas personas se oponen a ella, pues nada cambia en nuestra ciudad, a pesar de rebasar los niveles máximos permitidos para la salud según la OMS, parece ser, además, que el ruido que en Europa enferma de hipertensión a más de 800.000 personas y mata a más de 8.000 ciudadanos europeos al año, tampoco merece ninguna importancia y sino cómo es posible que en el 40% del territorio se desarrolle unos niveles sonoros entre 55 y 75 decibelios (límite máximo 55 db según la OMS), y a día de hoy todavía no se han realizado las medidas correctoras oportunas, algo totalmente incomprensible.
Los datos nos dicen que más de 40.000 personas soportan en nuestra ciudad unos niveles de ruido que les enferman gravemente (estos datos no son nuevos llevan publicados más de 4 años) así que hagan sus cuentas. La salud pública no parece ser, una prioridad de la ciudadanía y tampoco de muchos integrantes del foro por la movilidad. Esta reflexión la hago desde el conocimiento, pues tras esta última reunión del foro por la movilidad (del que formo parte), ninguna entidad, empleo el término “salud pública”, aunque la palabra “sostenible” se usó para mi gusto en exceso, como coletilla más que como proyecto, otras palabras usadas fueron accesible o derecho, esta última expresada equivocadamente o al menos, no con un conocimiento real del propio concepto o con el valor que se le presupone, al plantear en una relación de paridad (parte del personal técnico lo expuso así), el derecho a llegar con el coche donde se quiera frente al derecho a respirar aire no contaminado, cuando ya diversos tribunales han dado respuesta a tal despropósito, afirmando que “el derecho de salud pública está por encima del derecho al transporte”, una afirmación contundente ,que necesita ser aun a día de hoy, defendida en nuestra ciudad.
“La obligación de los responsables políticos está clara, hacer compatible el derecho a respirar aire limpio con facilitar la movilidad de quienes residen en las ciudades” (la movilidad no igual al coche).
Es cierto que la crisis climática está en boca de algunos políticos de nuestra ciudad, pero plantear las acciones necesarias ya demandadas durante años, tanto por mi entidad como por otras de gran calado, es harina de otro costal. En mi humilde aportación frente al discurso de “otro”, pues no se busca protagonismo sino sensatez, se ha presentado hace semanas al gobierno local (este sí nos escucha, y no nos ofende), propuestas en la línea de establecer un cálculo de las emisiones de los G.E.I. (gases efecto invernadero), de la que somos responsables, haciendo buena la frase “actuar localmente para sumar globalmente”, y no será tan descabellada la idea cuando hoy me llega la siguiente noticia publicada en:
https://m.publico.es/sociedad/2129974/solo-un-centenar-de-ayuntamientos-de-toda-espana-auditan-sus-emisiones-de-co2
Donde se plantea la necesidad de calcular la huella de carbono de las entidades locales (de forma voluntaria de momento), y donde solo un centenar de los más de 8.131 ayuntamientos, han establecido un punto de partida, en el cumplimiento de la AGENDA 2030, en este aspecto a nuestra ciudad ni está, ni de momento se le espera, pues a pesar de nuestros esfuerzos, esta demanda no es una prioridad, lo cual es entendible pues nos exigiría un compromiso real y vinculante, algo difícil de digerir por algunos. Hay ciudades que sí han aceptado el reto, solo 315 ciudades se han comprometido a realizar las acciones necesarias, integrándose en la Red Española de Ciudades por el Clima. Todo un ejemplo del que espero pronto ser testigo en Melilla.
Las ciudades que han logrado con éxito sus procesos de reducción de CO2 han sido los de Valladolid, Algeciras (Cádiz) y Gavá (Barcelona), con esto quiero decir que si es posible en otras ciudades ¿porque no en la nuestra?, claro ejemplo de este compromiso es Pontevedra, qué a través de un Plan de Ciudad, logró reducir en 230.000 Tn las emisiones de CO2, en unos años.
Tenemos más de 8 fuentes emisoras de G.E.I. en nuestra ciudad y eso es un hecho, el compromiso vendible es fácil, lograr una “Melilla Sostenible”, el real, es otra cosa. No creo que sea difícil convencer de la necesidad de evaluar la situación actual; “si no sabemos dónde estamos, difíciles es de entender que podamos llegar a ninguna parte”, yo “perdí” muchas horas en mis vacaciones preparando más de 80 páginas de trabajo en el desarrollo de esta propuesta, así como en el planteamiento de la necesidad fundamental, de reorganizar la Consejería de Medio Ambiente en el cumplimiento de la reducción de las emisiones de CO2, pues a tenor de algunos datos, la cantidad de trabajo necesario es enorme, y con la estructura actual de dicha consejería sería un auténtico milagro, lograr los objetivos y desarrollar los contenidos necesarios, “la pelota está ya en otro tejado” ([email protected]).
Espero sinceramente que los presupuestos, tengan presente esta exposición desinteresada, al igual que espero que los profesionales que cobran para evitar la crisis climática, para mejora de la salud de los melillenses dejen sin efecto las políticas trasnochadas de obras y más obras, y realicen un proyecto de ciudad donde todos tengamos cabida. Cuando el dinero es un problema por falta de él, tenemos todos, la obligación de agudizar el ingenio, así creo imprescindible, lograr que todas las sinergias necesarias se pongan al servicio de nuestro objetivo común, feliz década a todos.