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Carta del Editor

Al borde de la catástrofe

Al borde de la catástrofe

domingo 05 de enero de 2020, 04:00h
Éstos últimos días navideños que deberían haber sido de paz, tranquilidad, reuniones con familiares y amigos han estado, sin embargo, impregnados de la sensación de que estamos los españoles al borde de la catástrofe, que nos va a caer encima un gran, poderoso, incontrolado e incontrolable Leviatán, el monstruo marino del que habló Hobbes, personificando en él al Estado que controla y no es controlado ni contrapesado.
Éstos últimos días navideños que deberían haber sido de paz, tranquilidad, reuniones con familiares y amigos han estado, sin embargo, impregnados de la sensación de que estamos los españoles al borde de la catástrofe, que nos va a caer encima un gran, poderoso, incontrolado e incontrolable Leviatán, el monstruo marino del que habló Hobbes, personificando en él al Estado que controla y no es controlado ni contrapesado.

El Leviatán que nos acecha, que con casi total probabilidad nos va a caer encima la semana que viene, tiene cabeza de Pedro Sánchez, cuerpo de comunista venezolano con coleta y extremidades de antiespañoles separatistas y de terroristas introducidos en la política española para defenestrar a España, sin disimulo alguno. Y este monstruoso Leviatán va a tomar la forma de Gobierno ¡de España!
Arturo Pérez Reverte -que no es precisamente santo de mi devoción, tras conocerlo en Melilla allá por el año 1985- en su Twitter el domingo pasado escribió, definiendo a Pedro Sánchez: “Un cínico sin escrúpulos, sin honor, capaz de robarle las herraduras a un caballo al galope. Asisto fascinado a su (nuestra) carrera hacia el abismo”. Estamos ya al borde del abismo, a punto de caer en él.

España, que fue durante siglos el imperio más grande y el país más poderoso del mundo, ha tenido sus ciclos de crecimiento y decadencia, como todos los países europeos. A partir de 1978, con nuestra Constitución como referencia, nos fuimos reintegrando en las diferentes instituciones internacionales y empezamos a creer y a aplicar políticas conscientes de que existe una fuerte relación entre renta per cápita y bienestar. Y el extraordinario progreso global -que el economista sueco Johan Norberg describió en su libro “Progreso”- tiene un protagonista destacado: el capitalismo global. Lo dice Juan Ramón Rallo, en el prólogo del mencionado libro, y lo dice mucha gente, yo incluido. Aunque también los hay, la mayoría de los progres incluidos, que opinan lo contrario y creen, como Cotarelo en su libro “Los nuevos dictadores”, que la “dictadura del capital”, una vez que “el comunismo como ideal utópico se pierde en la noche de los tiempos”, es el responsable de “la insatisfactoria situación de la humanidad”. Así que la pregunta clave es si el mundo de hoy es mejor o peor que el de ayer y si hay más razones para ser pesimista u optimista sobre el futuro de la humanidad.

El progreso que la humanidad ha experimentado en las últimas décadas ha sido asombroso y sin precedentes. Y eso no es una opinión sin fundamento. Es un hecho, basado en cifras oficiales de organizaciones internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial o la Organización Mundial de la Salud. En ese progreso está ahora España. Ese es el progreso, basado en el crecimiento de la renta per cápita de los españoles, que terminará con ese Gobierno que nos conducirá a la España rota en pedazos (en distintas “nacionalidades”), un Gobierno leviatánico que se autotitula “progresista”, que es exactamente lo que no va a ser, salvo que la actual Venezuela, con una renta per cápita hundida, se considere un ejemplo de progreso.

Solón, en el año 594 a.C. ya entendió que en Atenas el equilibrio político requería que los ciudadanos corrientes participaran en la política. Hoy, ya en el año 2020, dos mil seiscientos catorce años después, Pedro Sánchez no lo entiende, no oye ni al pueblo español, ni a los que le votaron, ni a su propio partido político. Aduce, como hizo Hitler, que él -no su partido- fue el más votado en las últimas elecciones. Pedro Sánchez, “un cínico sin escrúpulos y sin honor”, solo se oye a sí mismo. Si finalmente consigue formar ese Gobierno leviatánico y antiespañol que anuncia, no durará mucho como presidente, pero el daño que le habrá ocasionado a España y a los españoles será terrible y duradero.

Lo que se nos viene encima, la catástrofe a la que nos llevan, la carrera al abismo hacia el que nos obligan, es una pesadilla, pero, aún peor que eso es la sensación de impotencia de todo un pueblo, el español, ante el abuso de poder del trilero y tiranuelo Pedro Sánchez, “capaz de robarle las herraduras a un caballo al galope”, mentiroso hasta la náusea, producto deleznable de una democracia corrompida por el mal uso que de ella hacen políticos como Sánchez que dice durante las elecciones una cosa y después hace lo contrario, para lograr su único objetivo: ser él presidente. De España o de lo que quede de ella, mintiendo a amigos y enemigos, saltándose la Constitución, cambiando de régimen, volviendo a las dos Españas enfrentadas. Le da igual, solo le importa él. ¡Qué terrible catástrofe! ¡Pobre PSOE, pobre España, pobres españoles impotentes ante la catástrofe!