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EL COMENTARIO

La Comisión Islámica: Una parálisis por décadas

Por Abdeluab Mehamed Maanan

jueves 06 de febrero de 2020, 02:07h
En el tejido social de nuestra ciudad interactúan diversas organizaciones culturales o religiosas, como expresión de una diversidad ciudadana que, vinculada a una idiosincrasia inspirada por los valores democráticos y los derechos fundamentales, conforman una sociedad plural bajo unos mismos principios, y normas de convivencia. De tal modo que, las expresiones ciudadanas venidas desde las organizaciones en su globalidad, se configuran como la realidad inmaterial de una sociedad fundamentada en valores y, sustentada por el conjunto de todos los ciudadanos, indistintamente del grupo humano (social, cultural o religioso) con el que se identifique.

Dicho esto, los musulmanes de Melilla en su conjunto forman un grupo humano que, como otros grupos humanos de distinta relación y afinidad, trasciende en sí a las múltiples y artificiales organizaciones religiosas y culturales creadas en su seno. De modo que, al conjunto de los musulmanes de Melilla, se le debe de entender y reconocer cómo el universo amplio formado por todos los miembros ciudadanos que, dada su condición de residente en nuestra ciudad posee, además, como aspecto imprescindible de relación social, el común denominador de una misma convicción o creencia religiosa.

Desde esta natural perspectiva, las diferentes organizaciones religiosas como entidades jurídicas, tengan el nombre que tengan, no pueden más que responder al ámbito de sus propias limitaciones y de sus respectivos organigramas representativos. Dicho esto, en nuestra realidad de hoy, en nuestra ciudad, podemos ver comportamientos unilaterales, no solo contrarios a los valores de nuestro sistema democrático, sino que también contrarios a la realidad de algunos principios del propio Islam, protagonizados por organizaciones religiosas que, si bien participan del bien general en algunos aspectos, en otros, irrumpen con soberbia y con inoportunos pronunciamientos que pretenden, más que la custodia de las tradiciones, el falso empoderamiento para tomar sin legitimidad, una representación que en nada les corresponde y que, en mucho y durante décadas, reclama el conjunto de los musulmanes con la convocatoria y celebración de elecciones para dar mediante el voto, la legitimidad a los verdaderos representantes salidos de las urnas. Y es claro que me refiero a la Comisión Islámica de Melilla, una organización enclaustrada y hacia la deriva por la negativa de dos de sus asociaciones miembros: El consejo Religioso y La Comunidad Musulmana, a enfrentar el pulso del voto.

Y nada más equivocado y censurable, el Islam es una religión basada en la libertad de todo miembro para participar y opinar, incluso equivocándose porque equivocarse es humano. Lo que ya no es humano, y por lo tanto ni religioso, es cerrar las puertas, no dialogar, degradar, vivir en el constante recelo y miedo, sentenciando inquisitorial y públicamente a quien piensa y actúa de forma diferente. En el Islam, el Profeta Muhammad (S.A.S.) aún de compartir escenario y vivencias con sus mayores detractores y opositores al Islam, aún de haber sufrido las mayores ofensas y negaciones, nunca cerró la puerta a nadie, siempre tendió la mano, trabajo por el encuentro, el diálogo y el respeto a la libertad de expresar las ideas y creencias de los más acérrimos detractores y negacionistas de la fe. ¿Qué detiene pues, a los actuales gestores de la Comisión Islámica, para no emprender con el ejemplo?
La actitud de la Comisión Islámica da mucho que pensar y pone de relieve la no idoneidad de algunos de sus miembros para gestionar los asuntos de interés general de la ciudadanía. En suma, se obstinan, décadas tras décadas en la privación del derecho de la ciudadanía creyente en el Islam, una ciudadanía cansada por el inmovilismo y la obstrucción, una ciudadanía creyente que reclama mayor solvencia en la gestión de los asuntos religiosos y mayor transparencia, mayor capacidad de gestión y apertura democrática.
¡Quiera Dios que aun de solo contradecirme, se abran al diálogo con quienes siendo sus iguales les reclaman el diálogo!