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Historia

Tragedia en Cabrerizas Bajas

Tragedia en Cabrerizas Bajas

Por Isabel Mª Migallón Aguilar

domingo 22 de marzo de 2020, 04:00h
Tragedia en Cabrerizas Bajas
Parcela 6
Aquel domingo 9 de octubre de 1927, nada hacía presagiar a los habitantes del populoso barrio de Cabrerizas Bajas que el hallazgo “sorprendente”, de unos niños en sus juegos infantiles, acabaría en tragedia.
¿Quiénes son los protagonistas de estas historia y qué ocurrió?
MANUEL AROLO ORREGO, de 5 años, (Badajoz), hijo de Bernardino y Teresa
FRANCISCO NAVARRO GARCÍA, de 5 años (Antequera), hijo de Francisco y Socorro.

AGUSTÍN MORENTE GARCÍA, de 6 años (Antequera), hijo de Miguel y María.

Dos días después en El Telegrama del Rif se publicaba tan triste noticia:
El Trágico suceso del domingo
Explota una bomba y causa tres muertos y seis heridos
La primera noticia
Momentos después de las seis de la tarde del domingo, se registro una tristísima desgracia en el barrio de Cabrerizas Bajas, que produjo extraordinaria impresión en cuantos presenciaron el referido suceso, que revistió caracteres de verdadera tragedia.

La primera noticia de lo ocurrido se tuvo en la parte céntrica de la ciudad por unos agentes de la Guardia Municipal, que se hallaban en el mencionado barrio, francos de servicio, quienes seguidamente pusieron en conocimiento de lo sucedido al Presidente interino de la Corporación Municipal señor Lobera y al juez de Instrucción señor Urrutia.

Los mencionados agentes dieron cuenta a las citadas autoridades, de que frente a una modesta vivienda, había hecho explosión una bomba, resultando muertos dos niños y heridos dos mujeres y varios hijos y sobrinos de éstas. A consecuencia de la tremenda explosión, los cuerpos de los dos desgraciados niños muertos, habían quedado completamente destrozados, siendo encontrados los restos a bastante distancia del lugar en el que había ocurrido la explosión.

Emocionante espectáculo
El cuadro que se ofrecía a la vista, momentos después de la horrible explosión no podía ser de más desgarradora emoción. Restos de infelices criaturas, aparecían diseminados, viéndose a quince metros de la casa donde ocurrió la desgracia, la cabeza de uno de los niños y el tronco y extremidades en otro lugar.

Dos mujeres y cinco niños se hallaban gravemente heridos, entristeciendo profundamente el ánimo de cuantas personas habían acudido al modesto barrio, la contemplación de aquella horrible escena. Durante el transcurso de pocos minutos, se agolpó en la parte baja del barrio de Cabrerizas, enorme gentío, para conocer detalles de la espantosa desgracia.

Cómo ocurrió la catástrofe
Según los informes que en los primeros momentos pudimos adquirir, alrededor de las seis y cuarto de la tarde, tres niños llamados Santiago Arolo, Francisco Navarro García y Agustín Morente García, se hallaban jugando en un estercolero existente en las proximidades de los viñedos de la finca que en terrenos de aquel barrio posee don Antonio Bernardi.

Los expresados niños, durante sus juegos encontraron una bomba, sistema Laffite, según ha podido comprobarse después, con la que manipularon, ignorando que se trataba de un artefacto explosivo, pues la forma les hacía creer que era un aparato de carburo.

Uno de los citados niños, el Santiago Arolo, sospechando que el objeto hallado fuera una bomba, indicó repetidamente a sus compañeros, que la tiraran al sitio donde la habían encontrado, y como no fuera atendido en sus advertencias y consejos, Santiago decidió retirarse a su domicilio, lo que hizo, separándose de Francisco Navarro García y Agustín Morente García.

Estos, llevando la bomba, se dirigieron a la puerta del domicilio del primero, existente en la casa núm. 45 de la calle Letra P del indicado barrio. En la puerta de dicha vivienda, que, aunque de modesta construcción, es de mampostería se hallaban sentadas, la madre de Agustín, llamada María García Tortosa, de 41 años de edad, su vecina, Teresa Orrego Barrero, domiciliada en la casa núm. 43 de la expresa calle, y los hijos de dichas mujeres, Socorro y Carmen Morente García, y Teresa y Manuel Arolo. María es esposa de un albañil llamado Miguel Morente, que desde hace algún tiempo se halla en Tetuán trabajando, y Teresa Orrego, del músico del regimiento de Melilla, Bernardino Arolo.

Con el matrimonio Morente, vivían los niños Rosario y Francisco Navarro García, sobrinos de la esposa de Miguel, María García, pues desde hace algunos meses, se hallan huérfanos de padre y madre.

La niña Rosario, también se hallaba en la puerta de la casa de sus tíos. Con ocasión de hallarse a corta distancia de ellos, las citadas personas, los niños Francisco Navarro y Agustín Morente, continuaron manipulando con el peligroso artefacto, al que golpeaban con una varita de hierro, hasta que a los pocos momentos hizo explosión, ocurriendo la catástrofe.

Los cuerpos de los desventurados niños Francisco Navarro y Agustín Morente, verdaderamente destrozados, fueron lanzados a cerca de quince metros de distancia. Las demás personas resultaron con graves heridas, especialmente el niño Manuel Arolo Orrego.

Numerosos balines quedaron incrustados en la puerta y una de las paredes de la referida vivienda. Pocos momentos de ocurrir la explosión, acudieron a aquel lugar, los guardias urbanos, francos de servicios, de que hacemos mención al principio de esta información, Joaquín Aller Martin y Gabriel Rendón Piñero, el sargento y el cabo del puesto de la Guardia Civil, Elías y Montero, respectivamente, y casi todo el vecindario del barrio, presenciando emocionados, el espantoso cuadro. También hicieron acto de presencia en los primeros instantes, los somatenistas, Jaime Torres y Felipe Núñez, procediendo el primero a cubrir con unas sábanas los restos de los infortunados niños.

Llegada de las autoridades
Avisados por los agentes municipales, se presentaron a los pocos momentos el Presidente interino de la Junta Municipal, señor Lobera; juez de instrucción señor Urritia, secretario e interventor de aquella Corporación, señores Echeguren y Herrero, oficial del referido Juzgado señor Centeno, etc.

Fallece el niño Manuel Arolo
Ayer mañana, poco después de las ocho, dejó de existir en el hospital de la Cruz Roja, el desventurado niño Manuel Arolo Orrego de cuatro años.

Una suscripción del vecindario
Como es natural, la terrible desgracia produjo enorme impresión entre el vecindario del modesto barrio de Cabrerizas Bajas. No bien iniciada la idea de allegar fondos para contribuir a los gastos de enterramiento o aliviar la situación de las desgraciadas familias, fueron numerosos los vecinos que acudieron al domicilio del maestro carpintero Juan García Montiel, entregándole las modestísimas cantidades de que disponían en su deseo de exteriorizar con ello, el inmenso pesar que la tragedia ha causado en aquella barriada.

Nuestro periódico local continuó publicando noticias sobre la tragedia:
De la explosión de la bomba en Cabrerizas
En el hospital de la Cruz Roja, han experimentado alguna mejoría, las mujeres Teresa Orrego y María García; las niñas Socorro y Carmen Morente García y Teresa Arolo Orrego, que resultaron heridas de gravedad….

Ayer mañana, practicada la diligencia de autopsia se verificó el sepelio de los cadáveres de los desgraciados niños Agustín Morente, Francisco Navarro García y Manuel Arolo Orrego.

Al fúnebre acto concurrieron muchos amigos y compañeros de los padres de los finados, y gran parte del vecindario del barrio de Cabrerizas. Años más tarde, en 1935, el Ayuntamiento decidió conceder la propiedad de la sepultura a perpetuidad.

Esta fue sin duda una tragedia que no solo dejó desoladas a tres humildes familias de este barrio si no a todos los vecinos que vivieron de cerca lo ocurrido y por ende a la ciudad de Melilla cuando, a través de la prensa tuvo noticia de lo ocurrido.