www.melillahoy.es
La primera víctima del coronavirus en Melilla descansa ya en el cementerio musulmán

La primera víctima del coronavirus en Melilla descansa ya en el cementerio musulmán

El traslado y la inhumación se llevaron a cabo siguiendo los protocolos y las normas sanitarias contra el COVID-19

viernes 27 de marzo de 2020, 04:14h
El cuerpo de la joven melillense fallecida a consecuencia del COVID-19, recibió sepultura este miércoles en el cementerio musulmán de la ciudad, siguiendo todos los pasos que establece el protocolo para este tipo de situaciones. Los restos mortales fueron trasladados desde el hospital Comarcal hasta el lugar de la inhumación, a la que sólo pudieron asistir unos contados familiares.
El entierro de la primera víctima del coronavirus COVID-19 en Melilla se produjo el miércoles 25 de marzo, en el camposanto de la comunidad musulmana de la ciudad, tras el rezo de las dos de la tarde. El cuerpo de la joven fue conducido desde el Hospital hasta el cementerio por la empresa de pompas fúnebre, cumpliendo lo que establece el protocolo en cuestión.

En esta ocasión no pudo llevarse a cabo la tradición del baño del cuerpo ya sea en la mezquita del cementero o en el hogar familiar, porque las normas sanitarias prohíben cualquier técnica tanatopraxia sobre el cadáver. Según el protocolo, el cuerpo debe introducirse en una envoltura impermeable, desinfectada y sellada, para su traslado al lugar de la inhumación. A la hora de la despedida final, sólo pudo acudir un reducido número de familiares, que debieron permanecer a distancia.

Enterramientos
El Real Decreto sobre el Estado de Alarma por el coronavirus incluye, entre otras medidas, que no puedan celebrarse velatorios abiertos al público, se trate o no de víctimas del virus, así como ceremonias religiosas. Se recomienda proceder a la inhumación del cadáver siguiendo los plazos legales.

Por ejemplo, en el cementerio cristiano de la Purísima Concepción la persona que fallece es conducida al tanatorio, donde permanece hasta el momento del entierro. La familia no puede velarlo. Únicamente podrá acudir a la hora prevista para la inhumación, con guantes y mascarilla, para asistir al responso que el párroco ofrece en el hall de acceso, para después proceder o bien al entierro en sí o a la incineración. En este punto, la normativa prevé ambas opciones. Tanto el personal de la funeraria, como el del cementerio, deben llevar medidas de protección en todo momento.

Cómo actuar
El Ministerio de Sanidad ha publicado el procedimiento para el manejo de cadáveres de casos de COVID-19 y explica que no hay una guía específica para el manejo de personas fallecidas por el virus, "pero puede ser de aplicación lo contemplado en las Directrices de la Organización Mundial de la Salud publicadas en 2014 sobre Prevención y control de las infecciones respiratorias agudas con tendencia epidémica y pandémica durante la atención sanitaria". Así, el cadáver, especifica, "debe introducirse en una bolsa sanitaria estanca biodegradable y de traslado con ataúd, que reúna las características técnicas sanitarias de resistencia, estanqueidad e impermeabilidad. La introducción en la bolsa se debe realizar dentro de la propia habitación de aislamiento".

Esta bolsa se deberá pulverizar con desinfectante de uso hospitalario o con una solución de hipoclorito sódico que contenga 5.000 ppm de cloro activo. Si el cierre de la bolsa es de cremallera, se procederá al sellado utilizando pegamentos u otras sustancias que aseguren la estanqueidad de la cremallera. Se recomienda no realizar la autopsia a cadáveres de personas fallecidas por COVID-19, salvo por indicaciones fundamentadas.

Advierte Sanidad que no deben realizarse operaciones de limpieza ni intervenciones de tanatopraxia sobre el cadáver, y señala que “tras la correcta introducción del cadáver, desinfección y sellado de la bolsa impermeable, la manipulación exterior de ésta o del ataúd que la contenga no comporta riesgos".

La bolsa impermeable puede introducirse en un féretro normal, sin que sean precisas precauciones especiales, y puede ser enterrado o incinerado, sin que las cenizas necesiten un tratamiento especial en su manipulación.