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FÚTBOL-REPORTAJE

Jordi Ortega, en su etapa juvenil en el Barça, saludando a Guillermo Amor
Jordi Ortega, en su etapa juvenil en el Barça, saludando a Guillermo Amor

Jordi Ortega, la esencia del pivote

El mediocentro catalán cumple su segunda temporada en la U.D. Melilla

lunes 27 de abril de 2020, 04:00h
Jordi Ortega es alguien introvertido, amable, honesto, un joven con la cabeza amueblada. Como futbolista, aúna técnica e inteligencia, y la madurez precisa para saber administrarlas. Fue el mediocentro titular del F.C. Barcelona Juvenil que se proclamó campeón de la primera Youth League de la historia, jugada en la temporada 2013-14. Tras ser indiscutible en el eje del magnífico equipo entrenado por Jordi Vinyals, no tuvo la oportunidad de demostrar su valía en el Barça B, por lo que decidió emigrar a Inglaterra, donde el Wolverhampton Wanderers parecía dispuesto a aprovecharlo. A sus 25 años ha vivido una carrera deportiva en la que las luces se sobrepusieron a unas sombras que llegaron en forma de lesiones. En la actualidad cumple su último año de contrato siendo habitual en las alineaciones de la U.D. Melilla, club a cuyo equipo ayudó a alcanzar la fase de ascenso del Grupo IV de la Segunda B la pasada temporada 2018/19. Dado su nivel futbolístico, personalidad y ambición, hay pocas dudas de que a su zurda aún le quedan los mejores años de carrera.
-Naciste en el municipio catalán de Mataró te hiciste como jugador en el UE Vilassar, club de la localidad. ¿Futbolista de calle o de escuela?
Mis abuelos y mis padres siempre me dicen que iba con la pelota a todos sitios: la calle, el colegio o cada tarde al parque. Debido a ello me apuntaron, antes incluso de la categoría benjamín, en el equipo de mi ciudad, el Mataró. Así que se puede decir que un poco de todo, una mezcla de ambas.
-¿Cómo fue la llamada del Barça en su primer año de juveniles?
El último año de cadete lo pasé en la máxima categoría, en la División de Honor, como capitán del Vilassar, e hice una buena temporada. Ese año jugamos varias veces contra el Barça. En su casa le ganamos, estuve muy bien y metí un gol. A punto de acabar la temporada me llamó el Espanyol y entrené dos o tres días, y el Zaragoza también mostró interés, pero al final no salió ni una cosa ni otra. Continué en el Vilassar en Juvenil Preferente, una categoría con nivel medio, por lo que había perdido un poco la esperanza de que se volviesen a fijar en mí. En la pretemporada jugamos un amistoso contra el juvenil B del Barça y volví a estar bien, pero al acabar el partido se me acercó García Pimienta, que era el entrenador azulgrana en aquel momento, y me dio la enhorabuena, aunque una mañana, tras salir del colegio, me llamó mi madre y, emocionada, me dijo que fuese rápido a casa, que tenía una buena noticia que contarme. Cuando llegué me contó que un responsable del Barça le había llamado para decirle que me querían para ya, que tenía que ir a firmar; ¡me quedé de piedra! Se hizo todo muy rápido, de un día para otro cambió todo una barbaridad. Esa misma tarde fui con mis padres y firmamos. Yo hasta ese momento no sabía nada del interés del Barça, pero estoy seguro que desde el partido de pretemporada ya había algo de interés por su parte, ya que ni el director deportivo del club ni nadie me conocía como para ficharme, sino que fue directamente García Pimienta quien me había visto en varias ocasiones, así que gracias a él acabé en el Barça.
-¿Cómo fueron tus inicios como barcelonista?
Cuando llegué estuve varios partidos entrando desde el banquillo como interior, el mediocentro titular era un chaval llamado Pau Otero. Fue todo poco a poco, pero a mitad de temporada, Pimienta me probó de mediocentro y empecé a jugar más partidos, hasta que me hice con el puesto y acabé muy bien el año. Pimienta es muy cercano al jugador, gracias a él me adapté rápido y fue todo muy sencillo. Aun cuando no era titular, me transmitía confianza, tranquilidad, me quitaba la presión de haber llegado a mitad de temporada y procedente de un club modesto. Le debo muchas cosas a Pimienta y es un entrenador ‘top’ que merece una oportunidad arriba.
-Al finalizar tu último año a tal nivel, decidiste ir a jugar a Inglaterra, en el Wolves. ¿Cómo fueron tus primeros compases en el equipo?
Firmé dos años más otro opcional, para jugar en principio en el equipo reserva, que allí tienen una competición sub-23 con un formato muy chulo, pero con miras al primer equipo. Pero cuando llegué todo fueron problemas. El proceso de adaptación fue bien, jugaba mucho, pero cuando iba a empezar la liga hubo un problema de documentación entre el club y el Vilassar, por el cobro de los derechos de formación. El retraso con el papel necesario hizo que me perdiese alrededor de dos meses, y eso me frenó bastante. Cuando pude jugar empecé suplente, me gané pronto un sitio y, por desgracia, me lesioné de los isquios. En principio no revestía gravedad, pero recaí dos veces, ambas cuando estaba a punto de volver, así que estuve otros dos o tres meses parado. Para cuando regresé ya no quedaba mucha temporada, y no me lo pusieron fácil, a veces ni me convocaban, supongo que porque, debido a la forzosa inactividad, habían decidido no contar conmigo para el futuro. Entre una cosa y otra, al final fue un año jodido, que salió mal. El segundo empecé la pretemporada, pero la sensación es que seguían sin contar conmigo, sobre todo desde la directiva, así que llegamos a un acuerdo y me rescindieron el contrato.
-A continuación regresaste a España para jugar en el Córdoba B, en Tercera División. El equipo lo entrenaba Carrión, ex canterano del Barça. Parece que todo encajaba
Como empecé la pretemporada en Inglaterra se hizo algo tarde. Yo quería jugar, recuperar la confianza y la ilusión cuanto antes. Mi fichaje por el Córdoba B fue gracias a Albert Puig, que había sido entrenador y director deportivo de la cantera del Barça. Creo que Carrión no me conocía, y fue Albert quien le habló de mí. Luego Carrón preguntó también a Vinyals sobre lo que yo podía ofrecer y, debido a los consejos, acabó apostando por mí. Fue todo súper rápido, y aunque está claro que yo prefería ir al menos a un equipo de Segunda B, ayudó que yo prefiriese un filial. Con Carrión hacíamos un fútbol que ya conocía, dado que era similar al del filial barcelonista. Teníamos un equipazo, ascendimos bastante fácil. Yo me encontraba muy bien, y desde mi llegada lo jugaba todo. La base de ese equipo sería la del siguiente curso en Segunda B. Noté la diferencia con Tercera, ya que la Segunda B era una categoría fuerte, con equipos que proponían buen fútbol, pero no me sentí ni mucho menos superado. Para mi segundo año en el club, Oltra era el entrenador del primer equipo, que estaba en Segunda. A mitad de temporada lo cesaron y subió Carrión, quien de inmediato pidió que me renovaran, y acabé por firmar un año de filial y dos de primer equipo. Ese mismo curso debuté con el Córdoba, jugando un partido de Copa del Rey y uno de Liga contra el Girona. Al siguiente año seguí en Segunda B, pero hice la pretemporada con ellos, y fui a algunas convocatorias antes de que cesaran a Carrión, y entonces se acabó el vínculo.
-¿Qué sucedió para que finalmente se concretase tu llegada al Melilla?
A los pocos días de acabar la temporada me telefoneó Dupi, el encargado de los fichajes de la U.D. Melilla, quien mostró interés por contratarme y me explicó que había formado una plantilla para aspirar al ascenso, que sería dirigida por alguien que me conocía muy bien. Yo conocía la ciudad de haber jugado allí con el Córdoba B, pero hablé con mis padres y les dije que no me apetecía firmar por un club tan lejano a Cataluña, así que al principio dejé la decisión parada. Poco después se hizo oficial el fichaje de Carrión como entrenador del Melilla, y tanto Dupi como el propio Carrión volvieron a llamarme. Éste me insistió mucho, diciéndome que yo sería fundamental en el equipo, que habían fichado a muy buenos jugadores para su propuesta, que estaba seguro de que se haría una gran campaña, que confiase en él.
-Contigo como organizador del 4-3-3, la U.D. Melilla exhibió un fútbol ofensivo, combinado, equilibrado, rápido e intenso, pocas veces visto en la categoría, con el liderato jornada a jornada y pasar rondas de Copa del Rey. ¿Cómo funcionó tan bien?
Carrión nos explicó en pretemporada su idea de juego, que al ser arriesgada y compleja sobre todo para futbolistas que la desconocen, cuesta dominarla. El equipo no estaba habituado a ese estilo, ya que venía de otro entrenador y otro modelo. Él quería sacar el balón desde la base y, arriba, ejercer una presión alta, y el mecanismo lleva su tiempo. Empezamos a practicar ejercicios de posición y presión en los entrenamientos, empleábamos mucho trabajo específicamente en lo que él quería hacer, y eso nos dio la vida. El mecanismo costó en especial a la gente de atrás, ya que a veces se tomaban al pie de la letra tener que sacar el balón jugado y otros arriesgaban cuando no debían. Pero el equipo creía en la idea, y eso resultó ser lo importante, ya que todos estábamos de parte del entrenador. Carri es un técnico que sabe llevar muy bien el vestuario. Solo hay que ver los primeros resultados para entender que precisó de un tiempo de asimilación, ya que, en la pretemporada, de siete u ocho partido, solo ganamos uno, contra el River Melilla de Tercera. Teníamos un equipo para poder proponer ese estilo de juego, con jugadores y entrenador de una categoría superior, así que cuando cogimos la idea y sumamos la confianza, todo fue positivo, ya que en ese tipo de fútbol de posesión con que a un solo jugador le tiemblen las piernas, ya es imposible. Pese a las derrotas, llegamos al primer partido liguero con la idea muy clara y con confianza, que es lo más importante.
-Y en el ecuador del curso, tuvisteis el premio de jugar la Copa del Rey con el Real Madrid. Tu jugaste la vuelta, en el Bernabéu. ¿Qué recuerdos grabas de aquel momento?
La cita fue histórica, tanto para nosotros como para la ciudad y la afición, y eso queda en la memoria. En el campo se olvida todo, pero quienes más me sorprendieron fueron Marcos Llorente y Fede Valverde. A Llorente ya lo conocía, porque nos habíamos enfrentado en juveniles, en la Copa de Campeones. Desde aquel día me fijé en él, se notaba que era superior al resto. Respecto a Valverde, tenía un poderío físico y un recorrido… un box to box increíble.
-Y cuando todo marchaba bien, en enero llegó la segunda lesión de tu carrera, que coincidió prácticamente con el bajón del equipo que. Una lesión que esperaba solucionarse pronto pero que te dejó fuera lo que quedaba de campaña y el inicio de la siguiente
La lesión vino un poco después del partido contra el Madrid, y no creo que tenga relación con el rendimiento del equipo. La temporada es muy larga y es habitual que haya altibajos, por lo que es algo normal y pura coincidencia. En cuanto a mi lesión, fue jodido. Cuando me lesioné supe que era algo gordo, pero en la resonancia no se vio nada grave. Me dijeron que posiblemente era una inflamación del nervio ciático. Pasaba el tiempo, me hicieron más pruebas y no encontraron nada, pero yo seguía sin poder correr. Veía de cerca a mis compañeros y quería estar ahí, por eso lo intentaba, pero seguía aguantando el fuerte dolor. Pasaron dos o tres semanas y la cosa estaba igual, así que mentalmente se hacía muy duro. Fui a Madrid y el diagnóstico no fue bueno, me dijeron que tenía una rotura, pero al final era una desinserción. Me fui a Pamplona y Jurdan Mendiguchía, un fisio muy bueno, me dijo había que operar sí o sí. Ya me había perdido cuatro meses y estaba en el punto cero, saber eso me mató. Llegué a pensar que a lo mejor no podía volver porque era una lesión gorda y pensé que podía haberla agravado al seguir entrenando, y la operación era difícil. Me operé y desde ese momento solo tenía en mente hacer todo lo que estaba en mis manos para volver y poder disfrutar otra vez. La operación fue muy bien, y cuando ya estaba en la última fase, entrené a tope, muy duro todos los días desde la operación. Al recuperarme, esta temporada ya habían destituido a Víctor Cea y el entrenador era Manolo Herrero. El regreso fue demasiado rápido, porque tras casi un año parado necesitaba un proceso de adaptación. Pero el cuerpo técnico creyó que me necesitaba y yo me moría de ganas por jugar y ayudar al equipo, y así fue. Jugué varios partidos ese mes, y me pasó factura físicamente tras un año de inactividad, pero ya estoy perfectamente recuperado.
Con Manolo Herrero, la U.D. Melilla no juega a lo mismo que la temporada pasada. ¿Qué te pide el entrenador en su sistema?
Debido a mis características y mi pasado, donde mejor me encuentro es de pivote, jugando solo para abarcar más campo, venir a recibir y tener más salida por delante. Pero el míster cree oportuno jugar 4-4-2, y yo no tengo problemas en adaptarme. Normalmente jugamos Jon Ceberio y yo, con un media punta por delante. Con el 4-4-2 te proteges más, y es normal que Manolo, después de coger al equipo en una posición no muy cómoda, haya querido cubrirse las espaldas.