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Historia

Juan Díez y José A. Cano en el fortín de Ras Medua. 1992
Juan Díez y José A. Cano en el fortín de Ras Medua. 1992
Los oficiales del Tercio, Emilio Infante Rodríguez y Francisco Marquina Siguero, los héroes de Ras Tikermín (I)

Los oficiales del Tercio, Emilio Infante Rodríguez y Francisco Marquina Siguero, los héroes de Ras Tikermín (I)

José Antonio CANO MARTÍN De la Asociación de Estudios Melillenses

domingo 31 de mayo de 2020, 04:00h
En este año de 2020 se cumple el centenario de la creación del Tercio de Extranjeros motivo por el cual este y siguientes trabajos serán conmemorando a los heroicos legionarios que dieron su vida por la Patria.

Hechos de Armas que dieron prestigio y renombre al Tercio de Extranjeros, hoy denominado La Legión.

Una vez salvada y protegida la ciudad de Melilla, tras el desastre de Annual, y después de los combates de Tizza, Casabona, Dar Hamed (Blocao de la Muerte), Sidi Hamed el Hach, Taguelmanín, etc., se comienza la Reconquista del territorio. La máquina militar se mueve. El 17 de septiembre de 1921, la reconquista da principio. Comienza por Nador. Los que han estado en Melilla el año “nueve”, se sienten viejos o rejuvenecidos. De cada cual depende. Las mismas posiciones otra vez. Hay gasolineras en Mar Chica para apoyar la operación, y un globo-cometa observa el campo desde la inmediata lengua de tierra. Las baterías rompen el fuego; un fuego más denso que el de 1909; granadas rompedoras en vez de las antiguas de metralla, de las que el moro se preservaba con frecuencia con sólo alzar debidamente la capucha de su chilaba.

Millán Astray se acerca a las guerrillas, a fin de dominar la situación; pero un balazo en pleno pecho lo detiene. Se desploma; y, arrojando sangre a borbotones, se lo llevan. El Coronel Castro Girona ocupa el lugar vacante. Lucha al frente de una fuerza que no hace falta jalear; una fuerza que, con su impulso, reduce bajas. Ella, en efecto, lo ocupa todo: colinas y poblados, huertas y pozos. Pero el hedor es imponente y el espectáculo repugna. Todo está lleno de cadáveres, que al día siguiente son enterrados. Fosa común y gracias (en tan tremendas circunstancias).

El 24 de septiembre se recupera la cuarta caseta del ferrocarril minero. Después: Segangan, al Norte, y Zeluán, al Sur. El avance es fácil. Los cabecillas enemigos han intentado reconcentrar su antigua gente; pero el botín logrado en Annual y en los depósitos más próximos había saciado a muchos ampliamente. No obstante, el día 1 de octubre la acción fue dura. El General Sanjurjo se enfrentó con fuerzas aguerridas, cerca de Sebt. El enemigo desplegó sus mejores tropas: gente instruida y uniformada. Los legionarios se batieron con un brío extraordinario. Las bajas fueron numerosas. Entre los heridos, el Teniente Coronel Emilio Mola, que ocupaba el puesto de González Tablas al frente del Grupo de Regulares de (Ceuta).

El día 5 se subió a Atlaten. Mas como el enemigo, ante el avance comenzado, se refugió en las quebraduras del Gurugú, fue preciso abandonar la directriz tomada y hacer frente a la derecha para desalojarlo de sus posiciones y coger las piezas con las cuales hostilizaba sin cesar las cercanías de Melilla. Esto logrado, se volvió a la dirección primera con objeto de subir a la meseta que había permanecido en nuestro poder durante doce años consecutivos y que jamás se había desguarnecido a causa de su interés táctico-estratégico. En este combate, que fue duro, intervinieron los legionarios, las fuerzas regulares y numerosas unidades recién llegadas de toda España.

El Gurugú se reconoce el 10 de octubre. Sanjurjo sale de Segangan, hacia Taxuda. Castro está al frente del Tercio; y desde la plaza parten otras dos columnas. Los harqueños hostilizan como nunca. Los aviones bombardean los barrancos en que hay numerosos moros y que las baterías no logran enfilar. El enemigo se desplaza, hasta enfrentarse a tropas peninsulares. Las distancias se reducen. Hay momentos de emoción. Las ametralladoras legionarias intervinieron. El repliegue es difícil, a causa del excesivo fuego. Hay que hacerlo con parones destinados a retirar las bajas, que son continuas.

En Zeluán y en Monte Arruit (ocupados, respectivamente, el 14 y el 24), no hubo mucha resistencia. Todo transcurrió como en los años “nueve” y “doce”. En la llanura abierta, el moro no resiste. Se reserva para lo abrupto, lo más quebrado, que sabe aprovechar de maravilla. No hubo combates serios; pero en el camino se encontraron muchos restos de nuestro ejército vencido. Había cadáveres, esqueletos de animal, carros destrozados, sacos vacíos, armas inútiles, vainas sin pólvora, restos de uniformes, etc. En Monte Arruit especialmente, el espectáculo fue aterrador. La mayoría de los muertos habían sido profanados y cruelmente mutilados. Todos fueron recogidos. Se cavó una fosa enorme, y en ella se amontonaron cuantos restos fueron hallados. Posteriormente a esta fosa se le llamó “La Cruz de Monte Arruit”.

Estos últimos avances se realizaron después del relevo del general Cavalcanti, que es sustituido por el general Sanjurjo. Pero la primera acción llevada a cabo por el último, con inclusión de estudio y preparación, es la efectuada en el llano de Sebpsa para alcanzar el campamento de Dar Drius. La operación se desenvuelve fácilmente. Una planicie enorme en la que el enemigo no combate; un llano en que el efecto de las armas automáticas y de los cañones no puede fallar; una zona en que habían quedado cientos de soldados, muertos o heridos, aspeados o agotados. Se tarda bastante en rehacer el campamento. Se levanta un nuevo parapeto, y 2.500 hombres se establecen en el recinto así trazado. En la ladera, en sector independiente, está la bandera del Comandante Franco. El conjunto está a las órdenes de Federico Berenguer, bajo cuyo mando se efectúan las operaciones de limpieza en las inmediaciones.

El 2 de noviembre Taxuda es ocupada. El Tercio y los Regulares, con Sanjurjo al frente, avanzan con decisión. Riquelme y Berenguer flanquean. La artillería coopera desde Atlaten. Numerosas bajas, en el Tercio sobre todo.

Desde el Zoco-el-Had, el día 7, una columna peninsular se mueve hacia Yazanen, con el apoyo de Sanjurjo. El 11 se ocupa Tifasor. El 17 se da un asalto al Uixan en plena noche y por sorpresa, llevando por guía a un antiguo capataz de las minas del Rif. Ras Medua se recupera el 20, con la ayuda “por vez primera” de los poblados inmediatos; y el mes concluye con la toma de Tauriat Ahmed, en la que intervienen los obuses de 155, recién llegados a Marruecos.

El día 1 de diciembre, las tropas suben al monte Harcha; el 2, se posesionan del Zoco-el-Jemís de Beni-bu-Ifrur; el 5, del paso de Muley Rechid, y el 22 pasan el río Kert, a fin de recobrar la meseta de Tikermín (con sus antiguas posiciones). Para esta última operación, dirigida por Federico Berenguer (que tiene a sus órdenes las columnas de los Coroneles Saro y Fernández Pérez), se efectuó una preparación de artillería en que intervinieron, bajo el Coronel Correa, una docena larga de baterías.

Por Real Decreto de 14 de diciembre de 1921 se dispuso el cese del General Cavalcanti como Comandante General de Melilla, y por otro de igual fecha se designaba para sustituirle al General de Brigada don José Sanjurjo Sacanell, quien por conocer la zona de Melilla desde que se inició la campaña de la reconquista, hizo posible no se retrasase una sola fecha la marcha de las operaciones; por tal motivo, Fuerzas de la Brigada Berenguer organizadas en dos Columnas, al mando de los Coroneles Saro y González de Lara, se dedicaron a limpiar de enemigo todo el valle de Barraca, desde sus orígenes hasta el pie del monte Arbós, los días 13, 14 y 15, reanudando el 20 el avance sobre Tauriart Buchit y Tauriart Zag, para cerrar el paso del valle del Masin. Con sujeción estricta a las instrucciones dadas por el Mando, fueron alcanzados ambos objetivos alrededor de las diez horas. Después de poner alguna resistencia el adversario, en su retirada precipitada abandonó sobre el campo dos cadáveres, teniendo por nuestra parte tres de Tropa muertos y dos oficiales (Tenientes López Hidalgo y Miralles Echevarría, de Infantería, en la Policía Indígena) y cinco de Tropa heridos. Durante la misma jornada, un grupo de jinetes de la Brigada Cabanellas ocupó sin novedad la casa de Uld el Mir y otra a la derecha de la carretera a Batel.

Había que batir, desalojar al enemigo que ocupaba la estación del ferrocarril y la antigua posición de Batel, más las de Tistutin, Yarsan, Usuga, Abada y Tiguenez, por lo que, sin pérdida de fechas, al día siguiente de conseguir la Brigada Cabanellas ventajosas posiciones en la carretera a Batel, la misma Gran Unidad acometía los objetivos indicados, distribuidas las Fuerzas en tres Columnas que emprendieron la marcha a las seis de la mañana desde las inmediaciones de Monte Arruit. Dos horas después, un avance rapidísimo y simultáneo dio por resultado que parte de la Columna, en marcha por la izquierda, coronara Yarsan y entrara en la estación de Tistutin y Batel, mientras el resto ocupaba Usuga y Abada, después de desalojar al adversario que hostilizaba a la vanguardia. La Columna de la derecha, en su progresión, alcanzó Tauriart Medrin con algún tiroteo por parte de un enemigo huidizo y perseguido hacia Batel, que en su fuga tropezó con las Tropas que habían envuelto Tistutin por la izquierda, causándole éstas muchas bajas vistas; al mismo tiempo, un escuadrón de Regulares que iba en cabeza coronaba Tiguenez, procediéndose seguidamente a ser guarnecidos y puestos en estado de defensa unos y otros objetivos. Se le cogió al enemigo un cañón de montaña con 45 disparos y las confidencias acusaban que había tenido durante la jornada unos 30 muertos y 80 heridos. Nuestras bajas fueron las de cuatro de Tropa europea y dos de la indígena heridos leves.

Vuélvese a operar el 22, seguimos en diciembre, en vistas de la buena disposición de los poblados cercanos al puente sobre el Kert, que no sólo combatían a nuestro lado, sino que “han entregado explosivos y mechas con que el enemigo pretendía volar el puente”, dicho así, con estilo directo de “Diario”, en un libro que en el título lleva ya reflejada esa forma narrativa por autor-actor de tanta excepción de todos aquellos acontecimientos, como lo era el a la sazón Comandante don Francisco Franco Bahamonde (Diario de una Bandera).

La situación inicial, que habría de permitir la irradiación hacia el interior de nuestra influencia, no se había producido ni se consideraba fácil que se produjera mientras la existencia de los prisioneros en Alhucemas impidiera ejercer una seria amenaza sobre Beni Urriaguel que hiciera regresar a sus cábilas los contingentes de ella que mantenían vivo en todo el territorio insumiso el espíritu de rebeldía. Era preciso el bloqueo de la costa de dicha cábila.

Respecto a la disminución de puestos, “Era indudable que no llegaríamos a la pacificación si no ocupábamos el territorio, pues sería preciso para que la pacificación existiera que ésta se hiciese tan rápidamente que no llegara a estar ninguna de las cábilas sometidas en contacto con elementos rebeldes que las presionaran sin el apoyo y protección de nuestros puestos. De no existir este apoyo, por la propaganda, y más principalmente por los robos y golpes de mano de los aduares rebeldes a los aduares sometidos, éstos se irían pasando al enemigo para evitar ser víctimas de sus fechorías. Era, pues, indispensable que donde se llegase se colocara una cortina de puestos que separara la zona rebelde de la zona sometida, y además, para mantener la seguridad de los caminos, habían de colocarse otros a lo largo de éstos. Esta situación, que no era definitiva, sino transitoria, tenía que durar todo el tiempo que tardase en hacerse efectiva la pacificación; de otro modo no se llegaría nunca a ella. En una palabra: había que establecer lo que el Mariscal Lyautey llamaba “la empalizada que al borde de la zona rebelde la aislaba de la sometida”, y había que ocupar el terreno con los puestos que se requiriese para llegar a la absoluta sumisión de las cábilas. Conseguida ésta, los puestos se podían levantar; pero mientras tanto sería muy difícil llegar a la pacificación sin dar el consiguiente apoyo”.

En Madrid había llegado al máximo la agitación producida alrededor de la campaña; había opiniones para todos los gustos, desde los que consideraban el paso del Kert como una empresa temeraria, hasta los que creían que había habido tiempo de sobra para conquistar todo el Rif; desde los que proponían soluciones napoleónicas y citaban a cada dos por tres a Bugeaud, a Foch, a Frisch y aun a César y Aníbal, hasta los que pedían el abandono de Marruecos; se exageraba el poder de los moros; se pintaba a Abd el Krim como un consumado estratega, y al Raisuni como un príncipe de leyenda; corrían rumores fantásticos que propalaban los enterados, se disentía de todo, desde las operaciones hasta las recompensas, y en el estrépito de tan desacorde vocerío no quedó fama sin manchar ni nombre sobre el que no recayeran sombras.

Con todo ello se alejaba cada vez más el llegar a una situación política de equilibrio en la zona ocupada, a la que no se conseguía atraer a los indígenas fugitivos; éstos se daban cuenta de lo inestable y precario de nuestra actuación, y esperaban a que se produjeran cambios profundos en ella, de los que contaban recabar ventajas. De aquí se originaba una insuperable dificultad para la labor política, y esto traía consigo la suspensión indefinida de las operaciones que se encomendaron a las columnas de maniobra para radiar nuestra acción al interior. Tales dificultades motivaron una propuesta del General Sanjurjo al Alto Comisario, que éste aceptó en parte, y de la que dio traslado al Gobierno el día 5 de febrero. Después de razonar detenidamente los motivos que aconsejaban las variaciones que se proponían a lo acordado en Pizarra (Málaga), se concretaba la propuesta en los siguientes términos: Qué se autorice al General Sanjurjo para ocupar la primera línea a que antes me he referido, es decir, la que va de Tauriat Zag por Trebia-Tikermín-Tisingar-Ichtiuen a Dar Drius, para, una vez conseguido esto, ocupar Chaif al Oeste de Dar Dríus, asegurar las desembocaduras al Sur de este campamento ocupando Tamasusit, para ocupar después Ben Tieb y Halaut, puestos desde donde se esperaría el resultado político sobre la cábila de Beni Said.

Aceptada esta propuesta por el Gobierno, sólo se esperaba para realizarla la llegada a Melilla de la primera expedición de tanques que habían de emplearse en el avance, sobre todo en la línea Tisingar-Sebuch Sbach, en la que había establecido el enemigo zanjas-trincheras. Entretanto se fortificaba y artillaba la isla de Alhucemas, en donde se instalaron dos baterías de obuses de 15,5, y se reforzaba y abastecía el Peñón de Vélez; el día 7 se ocupaba Zauía, a corta distancia de Dar Drius, y para e1 día 8 se preparó la ocupación de Sepsa; estas posiciones habían de asegurar la izquierda de la columna de Dar Dríus en su avance hacia el Norte.

Aunque no se había resuelto nada sobre la dimisión presentada por el General Berenguer, este fue autorizado para proseguir las comenzadas operaciones sobre Beni Said, y el día 14 se ocuparon las posiciones de Ichtiuen, Sebuch Sbach, Tisingar y Sidi Salem, más el campamento de Kandusi. Concurrieron a la operación las tres columnas de maniobra, al mando de los Generales Cabanellas y Berenguer y del Coronel Fernández Pérez, siendo muy importantes los servicios prestados por los tanques, que intervinieron muy eficazmente en la ocupación de la meseta de Tikermín, en la que había construido el enemigo bastantes zanjas-trincheras. Las bajas no excedieron apenas la cifra de 150. La operación tuvo importancia, pues con ella se aseguró el dominio del Kert y se quedó en buenas condiciones para el avance a Dar Quebdani y Tuguntz.

A la común orden del General Federico Berenguer, se organizaron dos fuertes Columnas bajo los respectivos mandos de los Coroneles Saro y Fernández Pérez, que fueron las comisionadas para la ejecución del paso del río Kert por el puente del camino de Kaddur y ocupar posiciones en la meseta de Tikermín. El día 21 de diciembre de 1921 vivaquean las dos columnas próximas a la posición del Hianen.

Durante estos días se cumple el 99 aniversario de estas acciones bélicas. Rayaba el día, cuando la Policía y harca amiga, mandadas por el Capitán Arredondo, cruzaban los primeros el río, apoderándose de la posición de Ras Tikermín, con alguna resistencia por parte del enemigo que, acto seguido, empezó a acudir en gran cantidad por el Baax, Tincharet y Tisingar, con el propósito de lanzarse al asalto de la posición recién ocupada; pero la oportuna llegada de las Fuerzas de Caballería de Alcántara y Tercio, con el Teniente Coronel Dalías Martínez y Comandante Franco al frente, hicieron desistir al adversario de su intentona en momentos harto difíciles para las Tropas del citado Capitán, que ya se encontraba muy a falta de municiones.

En el libro “Diario de una Bandera”, escrito por el comandante Franco, encontramos el siguiente relato de los hechos: “”Los poblados inmediatos al puente del Kert combatirán a nuestro lado y han entregado los explosivos y mechas con que el enemigo pretendía volar el puente. La Policía y harca amiga ocuparán antes del amanecer Calcul, defendiéndose hasta la llegada de la columna. Al amanecer del día 22 salen las Banderas de la Legión en cabeza de la columna Fernández, para abordar de frente las posiciones enemigas, mientras por la izquierda la columna Saro irá a ocupar Tlemsalen.

Cruzamos el Kert por el soberbio puente de piedra, obra de nuestros ingenieros, y llegamos a Calcul, ocupado por la Policía; allí queda por orden superior una compañía de legionarios en espera de la columna. Este es el lugar señalado para la concentración antes de dar el salto a Ras Tikermín, donde los policías y gente del pueblo se han establecido antes de amanecer... (Continuará)
José Antonio Cano Martín, con la inestimable colaboración
de Eduardo Sar Quintas