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¿Pueden coexistir juntos judíos y palestinos?

sábado 20 de marzo de 2021, 02:03h
Abderrahim Mohamed Hammú
Abderrahim Mohamed Hammú
Entre los judíos norteamericanos, donde su comunidad ha sido preservada de los horrores de lo que sucedió en Europa, el Holocausto se estudia y se conmemora con fervor; cabe señalar, por ejemplo, que Washington es el lugar de un museo colosal dedicado al Holocausto y no el lugar donde el exterminio de los nativos indios americanos o los millones de esclavos africanos fueran conmemorados. Así, el Holocausto es utilizado de alguna manera retroactiva para justificar los acontecimientos políticos contemporáneos.
Además, hay ciertamente suficientes revelaciones de documentos para demostrar que el movimiento sionista dominante en ocasiones ha estado menos interesado en salvar a todo el pueblo judío del exterminio, que en el interés de algunos por la colonización de Palestina; de manera similar, dirigentes sionistas simbólicos de extrema derecha, contactaron con los alemanes durante el periodo nazi para disponer de su apoyo y ayuda.

De todos modos, la magnitud absoluta de lo que tuvo lugar entre 1933 y 1945 desafía nuestra capacidad de descripción y comprensión. Cuanto más estudiemos este período y sus excesos, más debemos concluir que para cualquier ser humano decente, la masacre de tantos millones de personas inocentes debe pesar mucho en las generaciones venideras. No importa cuánto podemos estar de acuerdo con, por ejemplo, Tom Segev, en el sentido de que Israel ha explotado el Holocausto con fines políticos, hay poco espacio para la duda de que la memoria colectiva de la tragedia y la carga de miedo que impone a todos los judíos de hoy no debe minimizarse; por supuesto que hubo otras masacres colectivas en la historia humana (los indios americanos, los armenios , bosnios, kurdos, etc.) y algunos en realidad no han sido debidamente reconocidos por los autores ni compensados adecuadamente, pero no hay razón, para no abrirse al horror de la tragedia particular que afectó al pueblo judío y no respetarla. Me parece importante comprender esta experiencia colectiva con sus muchos detalles tan concretos como sea posible, ya que este acto de comprensión hará que tal desastre no se olvide y nunca vuelva a suceder.

A pesar de que lo que se hizo a los judíos en Alemania era de hecho un crimen de lesa humanidad, en verdad los crímenes de desposeer y expulsar a un pueblo (el palestino) por parte israelí constituye también un delito de la misma especie. A juzgar por los mismos estandares, Israel y Alemania son culpables de crímenes odiosos de alta magnitud.

El comportamiento reciente de Israel, representado por una brutalidad errática de Estado se coloca en un continuum en el tiempo y en el espacio, comenzado en los primeros días de la creación del ente sionista, durante el cual el desprecio, el despliegue de la fuerza feroz y la brutalización sistemática hacia los palestinos constituian y siguen constituyendo la premisa central. Por otro lado, esta lamentable política no justifica de ninguna manera los intentos retrospectivos, tanto de los israelíes y los palestinos, de utilizar el Holocausto para justificar la crueldad israelí, o de rechazar el Holocausto como si fuera algo irrelevante o incluso improbable. El cinismo no ayuda; como dijo Oscar Wilde «un cínico conoce el precio de todo, pero no conoce el valor de nada ».

No veo del todo cómo no exigir a Israel el reconocimiento por lo que han hecho a los palestinos durante y después de 1948. Esto significa que les pedimos la consideración y la reparación, sin minimizar su propia historia de sufrimiento y genocidio. Este es el único reconocimiento mutuo que vale la pena. Lo deseable es una noción de coexistencia que respete las diferencias entre los judíos y los palestinos, pero que también respete la historia común de las diferentes luchas y supervivencias desiguales que les une.

No puede haber imperativo ético y moral más sublime que las discusiones y diálogos a este respecto. Debemos aceptar la experiencia judía con todo lo que ello implica de horrores y miedos, al tiempo que exigimos que la experiencia palestina reciba mucha atención o tal vez otro nivel de realidad histórica. Sé que puede parecer impertinente hablar de pasadas agonías judías en un momento en que las tierras palestinas siguen siendo expropiadas, donde las casas palestinas son demolidas, la existencia cotidiana palestina sigue siendo objeto de humillaciones y al cautiverio impuesto por Israel y sus muchos seguidores en Europa y sobre todo en Estados Unidos. No se debe aceptar la idea que pregona que poseyendo las tierras palestinas, el sionismo ha logrado la redención de los judíos, y nunca se nos podrá convencer en aceptar como algo necesario desposeer al pueblo palestino de sus legítimos derechos sobre la tierra que les vió nacer. Pero podemos aceptar la idea de que las distorsiones del Holocausto han creado distorsiones en sus víctimas, que son reproducidas en las víctimas del sionismo, es decir en los palestinos. Entender lo que les ocurrió a los judíos en Europa durante el nazismo significa comprender lo que es universal en la experiencia humana en condiciones calamitosas. Esto significa la compasión, la simpatía humana y la repugnancia total hacia la idea de matar personas por razones étnicas, religiosas o nacionalistas.