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La Señora de Melilla, la Virgen de la Soledad, reina en la sobria y enlutada noche del Viernes Santo

El callejón de la Soledad, cubierto de flores (Foto: Guerrero)
El callejón de la Soledad, cubierto de flores (Foto: Guerrero)

En esta ocasión fue Francisco Espínola, un cofrade de raigambre, el encargado de conducir el acto de desagravio a la Virgen, a la que pidió que bendiga esta tierra

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:35h
"Hoy puedes ver que Melilla no quiere dejarte sola un momento, has podido sentirnos a todos en tu callejón donde no te portan tus cofrades, te portan melillenses deseosos de ser tus pies, donde te llenamos el corazón de claveles blancos de esperanza, y donde tus jóvenes te han realizado un camino de ilusiones reflejados en el corazón que has pisado". Con estas palabras encaminaba Francisco Espínola el desagravio a la Virgen en la noche del Viernes Santo, a la imagen mariana a la que Pedro García Campoy, de la Junta Joven de la Cofradía, le dijera: "Tu pueblo, Melilla, te puso por nombre Soledad y desde entonces eres su amparo y su Reina, Virgen Santísima y divina de la Soledad".
El reloj de la fachada del Palacio de la Asamblea marcaba las once de la noche de este Viernes Santo melillense cuando se abrían las puertas del Sagrado Corazón para el inicio de la salida procesional de la Soledad de Nuestra Señora, rememorando así aquel cercano aún Viernes Santo de 1980 cuando la Soledad volvió a salir en procesión posibilitando la recuperación de la Semana Santa melillense, tras el parón decretado por el Obispado de Málaga en 1973. Los encargados de dar las tres llamadas a la puerta para que se abriera, el matrimonio Samper.

Junta Joven
La virgen completó su recorrido por las calles de su ciudad, atravesando el callejón que lleva su nombre que, un año más, apareció alfombrado por miles de pétalos de flores elaborado por los jóvenes de la Cofradía. Los costaleros colocaron uno a uno, en la pequeña hornacina que sirve de ermita de la virgen en esa calle, claveles de color blanco, formando un gran corazón. Algunos de los presentes pueden meterse bajo el trono y portar a la Señora de Melilla durante unos minutos.

En esta ocasión fue Pedro García Campoy el encargado de dar lectura a la carta de la Junta Joven de la Cofradía, a la virgen: "Este año estamos de nuevo aquí contigo en Viernes Santo, madre. Dios quiso ponerte Soledad por nombre y esta noche tu nombre todo lo llena. Qué vacía, qué triste estás madre por la muerte de tu hijo Jesús, nuestro Dios, que ha entregado su vida por todos nosotros. Pero la alegría volverá al tercer día cuando Jesucristo resucite y tú, seas lirio en flor. Soledad te llaman, pero no entiendo por qué. Hoy más que nunca estamos contigo madre, estás presente en cada niño, en cada adulto, en cada anciano. Estás presente en el corazón de todos los melillenses. En cada oración de tus devotos, en cada gesto de ayuda, en los voluntarios que entregan su tiempo para desterrar la soledad de los marginados, ahí estás tú, madre y Virgen de la Soledad.

Tú siempre has velado por nosotros como velaste por tu hijo Jesús. Cuando no alumbra la luz, las sombras y la oscuridad nos invade. Pero estás tú, Madre, que pones luz en el camino, que nos iluminas en nuestras vidas porque tú, Madre, eres el camino, la senda de la verdad, la luz que nos ilumina en la negra oscuridad. Que nuestras velas, nuestras túnicas, nuestros corazones y rezos puedan guiarte por el camino para que vuelvas a ver a tu hijo Jesús. Es por esto que hoy estoy aquí contigo, acompañándote en tu soledad para pedirte perdón por todas las veces que te he fallado. Madre perdónanos por cuantas veces hemos ofendido a alguien, por no amar al prójimo, por cuantas veces no hemos seguido tu camino y nos hemos apartado de tu luz, de tu verdad. Me comprometo a estar junto a ti en esta noche negra de dolor. Tu pueblo, Melilla, te puso por nombre Soledad y desde entonces eres su amparo y Reina, Virgen Santísima y divina de la Soledad".

Varias voces rompen el silencio de la noche con sus saetas a la Virgen, con las que acompañarle en su dolor. La Virgen entra silenciosa y sola a una oscura Avenida, donde un río de cirios parece marcarle las orillas del camino a seguir, mientras un tambor destemplado quiere ahogar las lágrimas de la Madre. La cofradía de la Soledad repartió más de dos mil velas entre el público. En la oscura noche melillense, envuelta en un mar de luciérnagas, la virgen recibe frente la tribuna de autoridades y la fiscalía el acto de desagravio, el pregón del perdón que en nombre de los melillenses le ofreció Francisco Espínola Arias, cofrade con raigambre en la Cofradía de la Soledad.

Desagravio
"Hoy ya se ha consumado el sacrificio de tu Hijo, crucificado y muerto para redimir nuestros pecados, pero antes de expirar nos dijo a todos: "He ahí a tu Madre" y hoy nosotros, en la esperanza de que eres nuestra madre, te sacamos por las calles de Melilla. Por fin ha llegado el día, Madre, Viernes Santo, desde esta mañana nos inunda el olor a romero, los nervios anidan en nuestros estómagos, las túnicas y los trajes preparados, la medalla, los guantes, la espera es larga y tensa y, dentro de tu iglesia, rezamos, te acompañamos, el corazón se nos desboca, y llega la primera levantá, y las puertas de tu Templo se abren, y sales, y te esperan. Ya estás en la calle, Señora de la Soledad, nuestra estación de penitencia es rezar, penitencia y rezar, de negro y de velas, de oscuridad y claridad, de penitentes y melillenses, con tu cofradía.

Las cofradías somos depositarias de un legado que hemos de transmitir, que se fundamenta en nuestra fe en la muerte y Resurrección de Jesucristo. Este privilegio y esta responsabilidad están en nuestras manos y en el modo en que sepamos implicar a nuestros jóvenes, aseguramos el futuro. Señora veo veinteañeros que por fin te portan, démosle los varales, mirad como se entregan, van con paso firme, ellos son el presente y el futuro, ellos son tu esperanza y ellos harán Cofradía.

Hoy puedes ver que Melilla no quiere dejarte sola un momento, has podido sentirnos a todos en tu callejón donde no te portan tus cofrades, te portan melillenses deseosos de ser tus pies, donde te llenamos el corazón de claveles blancos de esperanza, y donde tus jóvenes te han realizado un camino de ilusiones reflejados en el corazón que has pisado. Que desgarro Señora de la Soledad, contemplar la muerte de tu Hijo. ¿De dónde sacaste fuerzas para sostener en tus brazos el cuerpo de tu querido hijo, comprobar las ignominiosas heridas que le infligieron y poder cubrir de ósculos su cara ensangrentada?
Madre ¡cuánto cobijo bajo tu manto y bajo tus lágrimas encontramos los melillenses! Por eso te pedimos: Ayuda a nuestros gobernantes, para que encuentren en todos nosotros sus cirineos, que les ayudemos a portar tan dura carga. Ayúdanos a ser capaces de descubrir el sufrimiento ajeno y seamos capaces de mitigar su dolor. Haz que mostremos nuestro lado más solidario con los que padecen enfermedades, hambre, soledad, maltrato, desprecio, ignorancia, con los inmigrantes que están a uno y otro lado de la valla, con los que están en las cárceles, a los que están solos en las calles, a los mayores, a todos los que nos necesiten. Ayúdanos a todos los melillenses, de la cultura o religión que seamos, a convivir en paz, y que la tolerancia sea un modo de vida en nuestra ciudad.

Y especialmente, te pido Señora, que intercedas ante tu Hijo porque todos los que nos dedicamos a la Sanidad, seamos capaces de identificar las necesidades de los enfermos que atendemos y especialmente te pido por Paquita, por Pepe, por Anju y por todos aquellos que sufren por motivo de su enfermedad, y por todos los fallecidos, que murieron en la Esperanza de encontrar a tu hijo. Y yo cofrade, quiero decir que ya finalizada la estación de penitencia, te llevaremos a tu templo, e iremos a verte, a acompañarte, a desagraviarte en silencio, a rezarte, a pedirte, a suplicarte, porque siempre serás, Señora, nuestra Virgen y Madre".

Tras la oración del pregonero, volvió el silencio a la noche melillense, roto sólo por el tambor que acompañó a la Soledad en su mar de luciérnagas hasta volver a su templo, al Sagrado Corazón, cerrando así la triste noche del Viernes Santo.


Francisco Espínola condujo el desagravio (Foto: Guerrero)
Francisco Espínola condujo el desagravio (Foto: Guerrero)