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Retorna a la Melilla de su infancia para celebrar sus bodas de plata junto a la familia

La familia posa en una foto de grupo en el Salón Dorado (Foto: Guerrero)
La familia posa en una foto de grupo en el Salón Dorado (Foto: Guerrero)

Fernando Pérez Llorens, junto a su esposa Guillermina Muñoz, no ha perdido contacto con su tierra y ha sabido transmitir su amor por ella a sus hijos y nietos

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:35h
El 25 de julio de 1964 el melillense Fernando Pérez Llorens y la malacitana Guillermina Muñoz se daban el sí quiero en Málaga, colocando así la primera piedra de una unión que ha dado de sí cinco hijos, diez nietos y cincuenta años de vida en común. Con ocasión de estas bodas de oro los hijos de la feliz pareja decidieron sorprender a sus progenitores eligiendo la ciudad de Melilla, la añorada y querida ciudad de su padre Fernando, como marco en el que celebrar este aniversario. La sorpresa fue mayúscula para este melillense en la diáspora, que se ha convertido en uno de nuestros mejores embajadores intentado inculcar a todos el amor hacia esta tierra africana.
La feliz pareja, junto a sus hijos y nietos, fueron recibidos ayer en el Salón Dorado por el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, que agradeció a Fernando su 'melillismo' haciéndole entrega de un marco con el escudo de la ciudad, el mismo que reciben las autoridades que visitan Melilla.

Historia
Fernando Pérez Llorens nació un mes de mayo de 1934 en la Calle General Mola donde residían sus padres Joaquín (trabajador de La Reconquista) y su madre Teresa. Tiempo después la familia se trasladó a la calle Seijas Lozano, donde tendrían su hogar hasta el fallecimiento de los padres en 1982. Fernando estudió en el Colegio La Salle y a los 30 años, en 1964, se trasladó a Málaga para casarse con Guillermina, con la que se trasladó durante un año a Alhucemas, para regresar de nuevo a la capital malacitana donde se asentaron definitivamente. Allí nacieron sus cinco hijos y trabajó hasta su jubilación como funcionario del Cuerpo Superior de Administraciones Civiles del Estado.

Residir y trabajar en Málaga no fue impedimento para que año tras año, todos los veranos, junto a sus hijos, volviera a su Melilla natal a pasar las vacaciones. El contacto no lo perdió nunca, incluso cuando falleció su primo Segundo Merino al que consideraba como un hermano. Los hijos de Fernando dicen que su padre es "un magnífico embajador de su tierra" porque a amigos y familiares no ha dejado de hablarles de su ciudad y contarles que "nació y creció en el mejor lugar del mundo".

Sus nietos también conocen la ciudad y todos saben "que la playa de la Hípica y la de San Lorenzo son las mejores de España, que tenía una caseta en la Hípica", y también les habla del Club Marítimo, el Casino Militar o el cargadero de mineral del que "todavía presume que es capaz de rebasar nadando desde San Lorenzo al Club Marítimo". Aprovecha Fernando estos días de regreso a su tierra, para mostrar a su familia el colegio en el que estudió o el barrio en el que creció, pero de forma especial, tiene el orgullo de poder celebrar sus bodas de oro con la mujer que es su mundo desde hace cincuenta años, en su querida Melilla.