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Tras su paso por Melilla, esta periodista regresó a casa, Sevilla. Un “empujón” llevó a ella y a su pareja a cumplir un sueño: dar la vuelta al mundo con 20 euros al día y una mochila de 10 kilos

El salar de Uyuni, en Bolivia, es una de las maravillas naturales que más impresionó a los aventureros
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Mª José Morón: “Vida sólo hay una y hay que luchar por lo que se quiere, yo ahora me como el mundo”

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:35h
Mª José, ayer, en Sevilla con dos brasileñas que conoció en su viaje
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Llegó a Melilla con “miedo”. Hoy no sabe lo que es eso. Con una mochila de diez kilos y 20 euros al día ha recorrido el mundo junto a su pareja y ahora es capaz de comérselo. María José y José Pablo han vuelto a Sevilla con unos cuantos kilos menos, pero mucho más gordos en experiencia. Han conocido 28 países y, sobre todo, personas, “lo mejor del viaje”. Muchas les han ofrecido cama, en el mejor de los casos. Han estado un mes durmiendo en el suelo y cambiando de ciudad cada dos o tres días, haciendo trayectos de 15 horas en autobús. Han conocido el paraíso y también, “Marte”. Han cumplido un sueño. ¿Hay que estar muy loco? “No, hace falta valentía, nada más. Vida sólo hay una y hay que luchar por lo que uno quiere”.
Se casaron en Bali, pero habrá enlace real en Sevilla
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Dicen que se viaja no para escapar de la vida, sino para que la vida no se nos escape. "Exactamente" eso fue lo que animó a María José y a su pareja, José Pablo, a mandar todo 'a tomar por mundo'. "Veíamos que la rutina nos consumía, todos los días consistían en trabajar, ir al gimnasio y volver a casa. Decidimos que vida sólo hay una y que hay que luchar por lo que uno quiere". Ellos querían dar la vuelta al mundo y encontraron el momento perfecto, o así lo creyeron, porque no es la opción por la que se decantaría cualquiera al quedarse sin empleo, sin embargo, "para nosotros, fue un empujón para dejarlo todo y cumplir un sueño".

José Pablo y María José hicieron cuentas y comprobaron que un año en Sevilla, pagando el alquiler, el seguro del coche, la luz, el agua y poco más era más caro que recorrer el mundo. Decidieron gastar, y no malgastar, los 9.000 euros que cada uno tenía ahorrados y ver "las oportunidades" que les ofrecía el mundo. Querían "invertir" sus ahorros en una pasión: viajar. "En vez de quedarnos en casa un año de brazos cruzados, con trabajos precarios e inestables, queríamos cumplir nuestro sueño, sí o sí".

En un mes lo organizaron todo, se pusieron "millones de vacunas", compraron un billete especial 'Around the world' y prepararon el petate: una maleta de sólo diez kilos con muy poca ropa, de la que incluso le sobró, un botiquín de primeros auxilios, un pequeño kit de aventureros (linterna y poco más), detergente y pinzas para tender. Las ganas pesaban más que esos diez kilos y contaron sus intenciones a través de atomarpormundo.com. Las redes sociales convirtieron a estos periodistas en protagonistas. Aparecieron los patrocinios y la ayuda de gente anónima que decidió que el proyecto merecía apoyo, hasta conseguir 3.000 euros, pero el presupuesto y el plan era el mismo: gastar 20 euros al día. El alojamiento gratis en muchas ocasiones hizo mucho más fácil cumplir con lo programado, gracias al couchsurfing, que viene a ser lo mismo que dormir en casa de un extraño que te abre su casa. ¿Mucha gente rara por el mundo? "Para nada, es lo mejor que hemos hecho, no hemos tenido experiencias negativas, al revés, lo mejor que nos llevamos del viaje son las personas". Eso sí, María José reconoció que en China sintió que "estábamos en Marte". La sevillana explicó que fue la cultura que más les impactó: "Son diferentes, como nosotros para ellos" y les costó entenderse durante el mes que pasaron en el gigante asiático. No lo intentaron en chino, sólo en inglés, idioma con el que se han movido por buena parte de los 28 países visitados durante nueve meses por Asia, Europa, Oceanía y América. ¿Y África? "Ir a África era mi empeño, pero los lugares que vimos no estaban preparados para un mochilero". Para María José, viajar al sur del sur significaría volver a su "segunda casa". Vivió en Melilla durante dos años "una experiencia increíble". Profesionalmente, para esta sevillana fue muy enriquecedor formar parte de la delegación de Radio Nacional de España en la ciudad, pero, "lo más importante" lo vivió en lo personal: "Allí no tienes a tu familia y tu familia son las amistades que tú creas, formamos una buena piña y, como a mí me encanta viajar, aproveché para conocer Marruecos de arriba a abajo". Llegó con mucho miedo y se encontró "una ciudad hermosa" que aprecia más ahora que está lejos, pese a haber conocido buena parte del mundo: "Cuando estás lejos se percibe más, se ve que esa riqueza cultural no existe en ninguna otra parte, ese centro histórico es lindísimo, siempre hablo muy bien de Melilla, creo que al menos una vez en la vida hay que visitarla".

Las fronteras
En su etapa en la ciudad, tuvo que contar las experiencias de otros en la frontera. Ahora que ha dado la vuelta al mundo, ha vivido la suya propia y entiende menos que un muro separe a personas "iguales". José Pablo, su pareja, "odia las fronteras y las monedas". María José, ahora que ve los saltos a la valla de Melilla desde lejos y no los cuenta, entiende que "todos nos merecemos una vida mejor", aunque, como melillense que fue y guarda, considera que "no todo el mundo puede venir de forma ilegal, hay que organizarlo y buscar una solución".

Ayer se encontraba en la Plaza del Triunfo, mostrando Sevilla a Aline y Mariza, dos brasileñas a las que acoge en su casa este fin de semana. Hace unos días, hizo lo propio con una banda de música de Chile. Desde que regresaron, hace menos de tres meses, a la puerta de José Pablo y María José llaman inquilinos de todo el mundo, a cuyas casas llamaron ellos antes con su mochila que llevaban a cuestas "como los caracoles". Cada dos o tres días durante nueve meses cambiaban de cama, en el mejor de los casos, para hacer recorridos que en Asia suponían 15 horas de autobús. "El último mes estuvimos durmiendo en el suelo, pero, qué hago, ¿me pongo a llorar? Si no te adaptas, mueres, si así es la situación, hay que llevarla, como si tienes que estar un mes comiendo arroz blanco". Llegó con cinco kilos menos y la pérdida fue de doce en el caso de su chico. Con este panorama, momentos de intimidad, poquitos, ¿no? "Fue complicado, en los alojamientos, compartiendo…", pero los buscaron, los encontraron y se casaron, en Bali, como los famosos, pero a lo 'low cost' y entre amigos, con curas y padrinos improvisados, porque arreglar los trámites tardaba seis meses e implicaba "mucha pasta". No todo fue amor, también tuvieron sus "peleillas", pero les dieron menos vía libre: "las discusiones tontas de España no las tienes porque tienes cosas mucho más importantes que resolver, sí o sí. Todos los días nos enfrentábamos a retos, las cosas banales no se daban y, si se han dado, son muy pocas". Ella, como Mark Twain siente que "no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él", así que habrá otra boda, la de verdad, en Sevilla, pero "cuando ahorremos" (mucho, si tienen que invitar a todo el mundo). José Pablo consiguió trabajo nada más llegar, pero María José está desempleada. Aseguró que las posibilidades son infinitas en el resto del mundo, en cualquier país más que en España, incluso en los lugares más pobres han visto más opciones de empleo, así que dentro de un tiempo, probablemente, vuelva a coger la maleta. Antes, en febrero presentarán el libro que contará su aventura. La foto de la portada será del Salar de Uyuni, el lugar "más impresionante" para María José de su viaje. ¿Has conocido el paraíso? "Sí, mi paraíso es el archipiélago de San Blas, en Panamá". Explicó que son 365 islas, "una para cada día del año". En ellas, "no hay nada, sólo palmeras, cocos, arena blanca y un mar cristalino, es una pasada". Con la emoción en la voz, María José contó que están gestionadas por una comunidad indígena y que el Gobierno no interfiere, también que allí había probado "los mejores cocos de mi vida". Los echa de menos, los cocos y la vida que ha llevado durante meses junto a su pareja. "Al principio, tienes muchas ganas de volver, ver a la familia, a los amigos y hacer cosas normales", pero, pasado el tiempo del relax y habiendo comido ya unos cuantos pucheros de mamá, añora el carnaval de Río, bucear en el Caribe, montar en elefante en Laos, ver un partido de fútbol en el estadio de Maracaná, un partido de sumo en Japón, o disfrutar de la "humanidad" de Hispanoamérica o Asia, "nada que ver con el mundo occidental".

María José asegura que es tanto lo que se aprende con un viaje así que no puede traducirlo, sólo invitar a vivirlo: "No hay tanto peligro ahí fuera cómo nos han hecho creer y el dinero no es impedimento, sólo se necesita valentía, nada más". ¿No hay que estar muy loco? "No, ¿quién está loco de verdad, nosotros o el que se mete en una hipoteca durante cuarenta años que no puede pagar?, ¿quién está loco, el que va a cumplir sus sueños o el que está atado en su casa por deudas u obligaciones, sin tener vida, pasando el día trabajando?". A ti no te contaron el cuento de la lechera, ¿verdad? María José ríe, con la convicción de que es hoy mucho más feliz que ayer y de que ha ganado más de 9.000 euros: "No tengo miedo a nada, me como el mundo, el mundo ya es muy chico para mí". Aunque el mundo sea chico, no descarta volver aquí, de visita, quizás para presentar su libro, "¿por qué no?" Hace más de tres años que dejó Melilla, ¿sólo una letra nos diferencia de Sevilla? "Sevilla es mi tierra, es donde nací, donde tengo mi familia, aquí está mi vida. Melilla fue un paso temporal que tuve que hacer, no me arrepiento, para nada, es una experiencia vital que hay que vivirla, pero Sevilla es mi casa, por muchas vueltas al mundo que dé, sé que yo terminaré en Sevilla". Lo dice tan convencida que nadie se atrevería a llevarle la contraria. ¿Los sueños se cumplen? "Por supuesto, los sueños, queriendo, se cumplen".